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Diputada de Morena exige alerta sanitaria por agua turbia del SIAPA y acusa omisión del gobierno estatal

Diputada de Morena exige alerta sanitaria por agua turbia del SIAPA y acusa omisión del gobierno estatal

La crisis por el suministro de agua turbia en la Zona Metropolitana de Guadalajara escaló este lunes al terreno político y sanitario. La diputada local de Morena, Marta Arizmendi Fombona, urgió a declarar una alerta sanitaria ante las constantes quejas de miles de familias que denuncian recibir agua con mal olor, coloración oscura y en condiciones insalubres por parte del SIAPA.

Desde Guadalajara, la legisladora acusó que el problema dejó de ser una falla operativa para convertirse en un riesgo directo a la salud pública, al advertir posibles infecciones gastrointestinales, enfermedades cutáneas y afectaciones graves para sectores vulnerables como niñas, niños, adultos mayores y mujeres embarazadas.

“Esto ya es una alerta sanitaria”, sostuvo Arizmendi, quien criticó que las autoridades “actúan como si no pasara nada”, pese al creciente malestar ciudadano por la calidad del agua que llega a colonias de la metrópoli.

La diputada adelantó que presentará un exhorto para obligar al organismo operador a implementar medidas emergentes de apoyo social, entre ellas la entrega gratuita de pastillas de cloro para desinfectar tinacos y cisternas, filtros básicos para hogares afectados y el envío oportuno de pipas con agua potable.

Además, exigió transparencia total sobre las colonias impactadas y la publicación permanente de análisis físicos, químicos y bacteriológicos del agua distribuida, en medio de una crisis que ha golpeado la credibilidad del SIAPA y del gobierno estatal encabezado por Movimiento Ciudadano.

Arizmendi también arremetió contra la administración estatal al señalar que existen propuestas técnicas y académicas para resolver el deterioro del sistema hidráulico, pero acusó falta de voluntad política para atender el problema de fondo.

“Prefieren administrar la crisis que resolverla y cuidar su narrativa antes que atender al pueblo”, lanzó la legisladora morenista.

La diputada recordó además que su iniciativa denominada “Sin Agua Limpia No Hay Pago”, actualmente en análisis en la Comisión de Hacienda del Congreso local, plantea descuentos, compensaciones e incluso condonaciones a usuarios cuando el servicio no cumpla con estándares mínimos de calidad.

En un tono abiertamente político, emplazó a las y los diputados de Movimiento Ciudadano a definir si respaldarán nuevamente al SIAPA o a las familias afectadas por la mala calidad del agua.

Mientras tanto, la problemática del agua turbia continúa acumulando reportes ciudadanos en distintos municipios metropolitanos, evidenciando una crisis de infraestructura y confianza institucional que el SIAPA no ha logrado contener.

En otro tema, la legisladora informó sobre una mesa de trabajo con especialistas, organismos internacionales y organizaciones civiles para fortalecer su iniciativa contra el turismo sexual infantil en Jalisco. Señaló que el objetivo es construir una legislación más sólida para prevenir y erradicar este delito en la entidad.

CRIANZA POSITIVA: UNA REFORMA NECESARIA EN EL PAPEL, PERO INSUFICIENTE EN LOS HECHOS

El Congreso de Jalisco volvió a colocar en agenda un tema que, aunque urgente, ha sido postergado una y otra vez: la protección real de la niñez. Esta vez, la voz provino de la diputada de Morena, Marta Arizmendi Fombona, quien presentó una iniciativa para incorporar la crianza positiva en la legislación estatal. La propuesta —acorde con la reforma federal publicada el 26 de marzo de 2024— pretende garantizar que niñas, niños y adolescentes crezcan libres de violencia y en entornos afectivos y respetuosos.

Sin embargo, más allá del discurso bien intencionado, el anuncio dejó ver el profundo rezago institucional que enfrenta Jalisco en materia de protección infantil. La propia legisladora lamentó que solo 55 de los 125 municipios hayan instalado su SIPINNA municipal, pese al exhorto aprobado por el Congreso. Es decir: ni la mitad del estado cumple con lo mínimo indispensable para coordinar políticas de infancia.

Arizmendi habló de romper prácticas autoritarias normalizadas por décadas: gritos, golpes y castigos que dejaron marcas en generaciones enteras. Su énfasis fue claro: la crianza positiva no debe quedarse en la retórica. Pero mientras el estado reproduce cifras alarmantes de violencia familiar y abandono institucional, la discusión corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de voluntarismo legislativo más.

La diputada citó la definición de UNICEF: acompañamiento, guía, cuidado físico y emocional, y prohibición absoluta del castigo físico y tratos humillantes. Todo eso ya forma parte del vocabulario esperado. Lo que no termina de aparecer es la capacidad real del Estado —y de los municipios— para construir políticas públicas sostenidas, presupuestadas y medibles.

¿De qué sirve legislar si los municipios no cumplen lo básico?

Si Jalisco no armoniza su ley, será señalado por incumplimiento constitucional. Pero incluso si la reforma prospera, queda otra pregunta mayor: ¿cómo garantizar su aplicación en un escenario donde 70 ayuntamientos siguen sin activar sus sistemas de protección?

Los SIPINNA municipales no son un requisito administrativo más; son la estructura mínima para coordinar acciones de prevención, atención y seguimiento. Sin ellos, la “crianza positiva” corre el riesgo de vivir en el Código… pero no en las colonias, ni en los hogares, ni en las escuelas.

Arizmendi subrayó los beneficios comprobados de la crianza positiva: hogares menos violentos, mayor autoestima, niñas y niños más seguros, entornos más armónicos. Son argumentos sólidos. Pero la reforma enfrenta el mismo obstáculo que tantas iniciativas en Jalisco: la distancia entre la norma y la implementación.

Porque mientras la legisladora sostiene que “la crianza positiva transforma sociedades enteras”, la realidad es que el Estado apenas puede asegurar que sus municipios cumplan con el primer paso: instalar un órgano básico de coordinación.

El reto pendiente

La protección de la infancia no solo es responsabilidad del Estado, como recordó la diputada. También de las familias y de las comunidades. Pero los gobiernos municipales —el nivel más cercano a la niñez— siguen evadiendo su obligación elemental.

Si la iniciativa pretende ser más que una declaración simbólica, deberá venir acompañada de mecanismos de vigilancia, financiamiento, sanciones y seguimiento público. De lo contrario, quedará en lo que tantas veces hemos visto en el Congreso: una reforma que suena bien, pero que no cambia nada.

Por ahora, el mensaje es claro: la niñez jalisciense sigue esperando que los compromisos se vuelvan acciones. Y el reloj, como siempre, corre en su contra.

Nombramiento sin contrapesos en la Unidad de Vigilancia del Congreso de Jalisco.

Nombramiento sin contrapesos en la Unidad de Vigilancia del Congreso de Jalisco.

En un acto más de protocolo que de ejercicio real de fiscalización, el Congreso del Estado de Jalisco tomó protesta a David Rubén Ocampo Uribe como nuevo titular de la Unidad de Vigilancia, instancia encargada —en teoría— de supervisar el uso correcto de los recursos públicos dentro del Poder Legislativo. El cargo tendrá una duración de cuatro años sin posibilidad de reelección, pero su designación pasó sin mayor debate ni escrutinio público, lo que deja abierta la sospecha sobre el perfil, el proceso de selección y la verdadera autonomía de quien ahora vigilará al Congreso… desde dentro del mismo aparato.

La Unidad de Vigilancia, lejos de ser un contrapeso efectivo, ha operado históricamente como una oficina de trámite que pocas veces ha sido incómoda para los grupos mayoritarios en el Congreso. El nombramiento de Ocampo Uribe —realizado sin participación ciudadana, sin criterios de evaluación públicos ni mecanismos de seguimiento posteriores— perpetúa esta tendencia: simulación de fiscalización bajo una capa de legalidad procesal.

Así, el Congreso de Jalisco sigue privilegiando la estética institucional por encima de las transformaciones de fondo. Nombramientos sin contrapesos y planes sin dientes confirman lo que cada vez más ciudadanos perciben: una legislatura que actúa sin incomodar al poder, que legisla sin asumir los costos políticos del cambio, y que elige mantenerse cómoda en su papel de espectadora antes que convertirse en protagonista del verdadero ejercicio democrático.

Diplomacia de escaparate: entre discursos grandilocuentes y realidades ausentes en el Congreso de Jalisco

Diplomacia de escaparate: entre discursos grandilocuentes y realidades ausentes en el Congreso de Jalisco

En un ejercicio que mezcló solemnidad institucional con promesas sin aterrizar, el Congreso del Estado de Jalisco recibió al Cuerpo Consular de Occidente para una mesa de trabajo que abordó temas tan diversos como la crisis migratoria, el turismo internacional, la preservación ambiental y la seguridad para inversiones extranjeras. La convocatoria fue promovida por la diputada Gabriela Cárdenas Rodríguez, quien pretende posicionarse como enlace entre la agenda local y los asuntos globales. Sin embargo, más allá del protocolo diplomático, el encuentro dejó preguntas incómodas: ¿realmente estas reuniones generan resultados tangibles o son simplemente pasarelas de buena voluntad sin consecuencias reales?

Durante las exposiciones, los representantes consulares expresaron preocupaciones legítimas: la necesidad de fortalecer el estado de derecho, impulsar una política de seguridad efectiva y generar mecanismos reales de cooperación internacional. El llamado más concreto fue la propuesta de crear una comisión permanente para atender asuntos internacionales desde el Congreso de Jalisco. Una idea que, aunque ambiciosa, se enfrenta a los límites estructurales del Legislativo estatal, cuyas competencias constitucionales rara vez trascienden los márgenes locales.

Gabriela Cárdenas habló de “conectar la agenda legislativa con los asuntos globales” y construir “una red de cooperación internacional”. Palabras que, aunque bien intencionadas, suenan vacías cuando se contrastan con el historial del Congreso en materia de política exterior o diplomacia subnacional: nulo.

Más aún, las preocupaciones planteadas por los cónsules —como el mercado laboral externo y la seguridad— contrastan con la realidad que vive la entidad: crisis de desaparecidos, violencia persistente, precarización laboral y un sistema de justicia desbordado. Si se pretende que Jalisco sea un “puente” entre naciones, antes habría que garantizar que no sea un campo minado para sus propios habitantes.

La diputada Marta Arizmendi, en su calidad de presidenta de la Mesa Directiva, sumó declaraciones sobre la necesidad de impulsar la industria cultural y el desarrollo sostenible. Pero el discurso nuevamente quedó en el aire: no se presentaron iniciativas concretas, calendarios, recursos etiquetados ni métricas de seguimiento.

Los legisladores asistentes —Sergio Miguel Martín Castellanos, María Candelaria Ochoa, Brenda Carrera, Marco Tulio Moya, Adriana Medina, Luis Vidrio y Leonardo Almaguer— hicieron acto de presencia, pero sin intervenciones destacables ni compromisos legislativos claros. La presencia de figuras como Luis Octavio Vidrio, señalado recientemente por participar en fiestas con narcocorridos, resalta la contradicción entre la narrativa diplomática del evento y la realidad política de sus protagonistas.

El encuentro reunió a cónsules honorarios y representantes de países como Bélgica, Filipinas, Finlandia, Guatemala, Indonesia, Kazajistán, Rumanía y Rusia. Voces diversas, sí, pero que no se tradujeron en una agenda común ni en compromisos verificables. El acto protocolario cerró con buenos deseos, fotografía oficial y cobertura mediática, pero sin resoluciones legislativas, planes de cooperación institucional o acuerdos firmados.

La pregunta, entonces, permanece: ¿para qué sirven estas reuniones si no desembocan en hechos? ¿No es hora de que el Congreso de Jalisco deje de hacer diplomacia de escaparate y empiece a construir diplomacia efectiva desde lo local? Porque mientras se habla de “redes internacionales”, el estado sigue pendiente de atender sus propias urgencias: inseguridad, migración forzada, y una justicia que no llega.

Lo internacional empieza por lo local. Y en Jalisco, la política exterior parece, por ahora, un espejismo más en el desierto legislativo.

Autismo y discurso legislativo: avances legales entre promesas y deudas pendientes

Autismo y discurso legislativo: avances legales entre promesas y deudas pendientes

El Congreso de Jalisco se vistió de inclusión este 18 de junio al presentar la nueva Ley de Autismo, una iniciativa promovida por las diputadas Mónica Magaña Mendoza y Gabriela Cárdenas Rodríguez que, según afirman, transformará el modo en que el estado reconoce y atiende a las personas dentro del espectro autista. La ley fue anunciada como un “parteaguas” en materia de justicia social y derechos humanos. Pero más allá del entusiasmo institucional, la iniciativa aún enfrenta el reto más complejo: traducirse en resultados tangibles y no quedar como otro ejercicio de simbolismo legislativo sin ejecución efectiva.

Desde la tribuna, las legisladoras hicieron lo que corresponde: hablar de dignidad, corresponsabilidad, no discriminación e inclusión. Se mencionó la creación de un Registro Estatal de Personas con Autismo, una Red de Centros Especializados, así como un Fondo Especial para el Autismo, todos ellos planteados como pilares de una política estatal robusta. El anuncio es relevante, sí, pero el papel lo aguanta todo; falta saber cuánto de esta estructura tendrá presupuesto, operatividad y seguimiento real en un estado donde abundan las leyes bien redactadas y escasas en implementación.

La diputada Marta Arizmendi, presidenta de la Mesa Directiva, habló con cifras que pretenden despertar conciencia: uno de cada 300 niños vive con autismo. Celebró el carácter participativo de la propuesta, construida con sociedad civil, familias y expertos. Sin embargo, no mencionó con claridad cómo se fiscalizará el cumplimiento de la ley, quién supervisará a los centros especializados ni cómo se evitará que esta nueva estructura termine siendo una más de las que existen solo en el papel.

En voz de Mónica Magaña, presidenta de la Comisión de Salud del Congreso, se destacó que esta ley se presenta justo en el Día del Orgullo Autista, como un gesto político que busca visibilidad. Ella misma reconoció que es un “primer paso”, aunque el desafío real no es anunciar la ley, sino evitar que se convierta en letra muerta, como ha ocurrido con otras normas de salud y asistencia social en Jalisco.

Gabriela Cárdenas, por su parte, sostuvo que la ley incluye una visión intersectorial y enfoque de cuidados, además del acceso a la justicia para personas autistas. Pero hasta ahora no hay claridad sobre cómo se vinculará esa “justicia” con los operadores del sistema judicial, quienes en muchos casos ni siquiera tienen protocolos adecuados para atender a personas con discapacidad.

Durante la presentación, la presidenta del DIF Jalisco, Maye Villa de Lemus, detalló los avances de la administración estatal, mencionando centros de atención como el CADI de Guadalajara, el Teletón Jalisco y la próxima sede en Tepatitlán. Si bien son esfuerzos valiosos, no dejan de ser proyectos localizados y asistenciales. La pregunta pendiente es: ¿habrá una política pública transversal con alcance estatal o se mantendrá el modelo fragmentado de atención en pocos municipios?

El evento congregó a autoridades estatales y municipales, representantes consulares, organismos de asistencia y personas de la comunidad autista. Hubo aplausos, discursos y buenas intenciones. Pero aún no se conoce el monto del fondo anunciado, ni las reglas de operación, ni el calendario para que la red de centros comience a funcionar.

En suma, la Ley de Autismo en Jalisco es un avance necesario y oportuno, pero aún está por verse si será un verdadero instrumento de transformación o solo un acto más de corrección política. La inclusión no se decreta, se construye con presupuesto, con voluntad ejecutiva y con vigilancia ciudadana. Las personas con autismo y sus familias no necesitan únicamente reconocimiento legal: exigen justicia, acceso real y resultados verificables.

Ojalá esta vez la ley no se quede en el estrado.