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Tlajomulco se suma a iniciativa digital por la niñez, pero falta un enfoque integral más allá del discurso

Tlajomulco se suma a iniciativa digital por la niñez, pero falta un enfoque integral más allá del discurso

Tlajomulco de Zúñiga se convirtió en el primer municipio en sumarse formalmente a la red de protección de niñas, niños y adolescentes en entornos digitales, una iniciativa impulsada por la diputada Adriana Medina Ortiz, quien encabezó la firma de una carta compromiso junto con autoridades municipales, el Congreso del Estado y el Gobierno de Jalisco. Si bien la propuesta pretende ser un parteaguas en materia de derechos digitales para la infancia, la ejecución concreta aún deja preguntas sin resolver.

Durante el acto protocolario, Medina Ortiz celebró que se dé este “paso trascendental” en la ruta legislativa para reconocer, regular y garantizar un acceso seguro e inclusivo a internet. La diputada recordó que la red forma parte de tres acciones legislativas mayores: una reforma constitucional para reconocer el derecho al internet seguro, la creación de una Ley para la Protección de Derechos en Entornos Digitales y reformas al Código Penal para sancionar delitos cometidos mediante tecnologías, incluida la inteligencia artificial.

La intención es ambiciosa y oportuna, especialmente ante el crecimiento acelerado de la violencia digital, el acoso en línea y la sobreexposición de menores a contenidos nocivos. No obstante, la propuesta —presentada como una iniciativa pionera— parece carecer aún de mecanismos operativos claros y de un verdadero plan de implementación territorial.

El presidente municipal de Tlajomulco, Gerardo Quirino Velázquez, respaldó la estrategia y la calificó como una “acción de vanguardia”, afirmando que se armonizarán normativas locales para que escuelas y espacios públicos se conviertan en entornos donde el internet sea una herramienta de inclusión, protección y desarrollo. La declaración entusiasma, pero exige puntualizar: ¿cómo se traducirá eso en políticas concretas para docentes, madres y padres de familia, o para los propios menores? ¿Cuál será el presupuesto destinado? ¿Habrá capacitación a nivel comunitario o escolar?

Por su parte, la presidenta del DIF Jalisco, Maye Villa de Lemus, y el Secretario de Educación, Juan Carlos Flores Miramontes, también se sumaron con discursos de apoyo, destacando la posibilidad de transformar la iniciativa en una política pública de alcance estatal. Pero hasta ahora, las adhesiones se mantienen en el terreno de lo declarativo.

En términos legislativos, si bien el planteamiento de una ley específica para entornos digitales y la inclusión de sanciones en el Código Penal son avances, el reto principal será evitar que este marco normativo quede como letra muerta. México, y Jalisco en particular, arrastran un rezago en políticas de alfabetización digital infantil, protección de datos personales de menores y control efectivo sobre plataformas tecnológicas.

Además, resulta relevante preguntarse si en esta cruzada digital se está escuchando la voz de niñas, niños y adolescentes. Los diagnósticos suelen centrarse en la perspectiva institucional, pero rara vez se construyen desde la experiencia de las infancias digitales, quienes no solo son usuarios pasivos, sino también generadores de contenido y sujetos de derechos.

El riesgo es que la firma de compromisos, como el celebrado en Tlajomulco, se convierta en una postal institucional más, sin una estrategia transversal que involucre a comunidades educativas, gobiernos municipales, plataformas tecnológicas y sociedad civil. De no aterrizarse en acciones sostenidas, medibles y con perspectiva de derechos humanos, el “internet seguro” para la niñez podría quedarse en una promesa bonita, pero vacía.

En suma, la iniciativa de Adriana Medina y el respaldo de Tlajomulco deben ser reconocidos como un primer paso. Pero si el compromiso es serio, lo que sigue es lo más difícil: pasar del discurso al sistema, del acto simbólico a la política pública con rostro y resultados. Porque en la era digital, proteger a la infancia no es solo legislar: es transformar realidades desde el código hasta el aula.

“Cuando el poder canta al narco”

“Cuando el poder canta al narco”

Por Daniel Emilio Pacheco

En Jalisco, el poder político gusta de celebrar. De brindar, de presumirse cercano al pueblo y, si la ocasión lo amerita, de corear a todo pulmón letras que glorifican al crimen. No es nuevo. Lo novedoso, o más bien lo escandaloso, es el grado de cinismo con que hoy se encubre la desvergüenza desde los mismos curules del Congreso local.

Apenas corrió la noticia —documentada en video, difundida por MILENIO— de que el diputado emecista Luis Octavio Vidrio celebró su cumpleaños 51 al ritmo de narcocorridos, y la defensa no se hizo esperar. Llegó, como dictan los manuales de control de daños, con rostro amable y voz tibia, en boca de su compañera de bancada, la diputada Verónica Jiménez.

La legisladora reconoció su asistencia al convivio realizado en Tlajomulco —donde también figuró el alcalde Quirino Velázquez—, pero con una precisión digna de notario se deslindó del momento en que “se presentó el grupo musical”. Según su testimonio, se marcharon a las 6 de la tarde para alcanzar boletos a la semifinal de Astros. Lo que pasó después, dice, no les concierne.

Pero sí les concierne. Y mucho. Porque el escándalo no estriba sólo en la hora ni en la canción. El escándalo es político, es ético, es institucional. ¿Cómo explicar que mientras el gobernador Pablo Lemus promueve leyes para prohibir narcocorridos en eventos públicos, sus propios correligionarios los celebran en fiestas privadas con ediles y legisladores presentes? ¿Cuál es la congruencia de la fracción de MC que un día se presenta como adalid de la legalidad y al siguiente se escuda en la etiqueta de “evento privado” para justificar la exaltación del crimen organizado?

Verónica Jiménez lamenta que “se manche la imagen del Congreso” por este caso, pero lo que mancha no es la cobertura periodística ni la indignación ciudadana. Lo que mancha es la impunidad con la que se desenvuelven ciertos actores políticos, convencidos de que las formas ya no importan, de que la moral es relativa si hay votos o corridos de por medio.

Decir que “Luis no es así” es una defensa vacía, impropia del momento y del cargo. ¿Qué significa “no ser así” cuando se permite la interpretación pública de letras que glorifican a un capo como ‘El Mencho’ y se aplaude al cantante que cobra cientos de miles por narrar gestas de sangre y poder? Si no se es “así”, ¿por qué la permisividad? ¿Por qué la foto sonriente, la copa en mano, la normalización de la apología criminal?

Lo más preocupante es que esta clase de episodios se vuelve sintomática de algo mayor: la banalización de la violencia desde el poder. Hoy, un diputado canta y baila con narcocorridos. Mañana, votará por una reforma que busca prohibirlos. Y lo hará sin el menor asomo de contradicción.

En tiempos donde Jalisco sigue siendo rehén de los cárteles, cuando los desaparecidos se cuentan por miles y la autoridad batalla por recuperar la confianza ciudadana, los legisladores deberían ser ejemplo, no espectáculo. Si el Movimiento Ciudadano quiere preservar algo de autoridad moral, tiene que demostrarlo con algo más que comunicados y justificaciones de ocasión.

Porque una cosa es ir a la fiesta. Otra muy distinta es negar que se escuchó la música.

Y más aún, pretender que el narcocorrido no dice nada cuando lo dice todo.

“La mentira se vuelve política cuando se institucionaliza. Y cuando el poder canta, es porque ya no le importa quién escucha.”