Entre discursos y omisiones: “Jalisco Global” frente al reto migratorio
Con el Palacio Legislativo como escenario, diputados locales, funcionarios y académicos se dieron cita para la Mesa de Análisis “Jalisco Global”, cuyo propósito declarado fue actualizar la Ley de Atención y Protección a Migrantes en el Estado. La intención suena loable: acciones integrales ante la movilidad humana. Sin embargo, más allá de las intervenciones cuidadas y las frases solemnes, persiste la duda de si el Congreso está dispuesto a convertir la retórica en política pública efectiva.
La diputada Adriana Gabriela Medina Ortiz habló de transformar la ley en una “herramienta viva y útil”, reconociendo que la migración va más allá de estadísticas: implica retorno, fragmentación familiar y vínculos laborales. El legislador José Aurelio Fonseca Olivares, por su parte, pidió reforzar las normas con un “enfoque humanista”, recordando la deuda histórica con los jaliscienses en el extranjero. Ambos discursos sonaron correctos, aunque quedaron en el mismo terreno de las generalidades que acompañan a cada legislatura cuando se trata de migrantes.
Los especialistas presentes no se limitaron a diagnósticos edulcorados. Señalaron que la migración, en sus fases de retorno, tránsito y destino, es un fenómeno complejo que en Jalisco se atiende con presupuestos limitados y marcos normativos rebasados. Advirtieron de la urgencia de acciones interseccionales, eliminar trabas burocráticas como la apostilla y establecer protocolos para garantizar derechos básicos en salud y educación. En pocas palabras: lo que los migrantes padecen día a día mientras el discurso oficial presume mesas de diálogo.
Entre los asistentes hubo una larga lista de nombres: desde académicos de universidades privadas y públicas hasta representantes de organizaciones internacionales como ACNUR y OIM, pasando por funcionarios del DIF, la Secretaría de Cultura y hasta “Jaliscienses en Chicago”. La fotografía grupal fue amplia y diversa, pero al final del encuentro quedó la sensación de que los verdaderos ausentes fueron los propios migrantes, cuya voz pocas veces se escucha en el recinto legislativo.
La crítica central radica en que, mientras se multiplican los diagnósticos, no se aterrizan mecanismos claros de financiamiento, seguimiento y rendición de cuentas. Se repiten llamados a un “enfoque humanista” pero sin compromisos concretos de presupuestos ni calendarios de acción. En contraste, las remesas —motor económico silencioso— siguen llegando a Jalisco sin que el Estado construya políticas que devuelvan algo más que discursos a quienes sostienen comunidades enteras.
La Mesa “Jalisco Global” terminó como tantas otras: con promesas de legislar, reformar y actualizar. Pero fuera del Palacio Legislativo, los migrantes y sus familias siguen enfrentando el retorno abrupto, la falta de acceso a servicios y la indiferencia institucional. La migración es, para Jalisco, mucho más que un fenómeno global: es una deuda local que ni mesas ni foros han logrado saldar.




