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Otro convenio de escritorio: Congreso simula tecnificación fiscal con firma protocolaria

Otro convenio de escritorio: Congreso simula tecnificación fiscal con firma protocolaria

En un acto protocolario cargado de discursos bien intencionados y promesas de eficiencia fiscal, el Congreso del Estado firmó un Convenio de Colaboración con el Instituto para el Desarrollo Técnico de las Haciendas Públicas (INDETEC), con el supuesto objetivo de “profesionalizar y tecnificar” el trabajo legislativo en materia hacendaria.

La presidenta de la Mesa Directiva, Marta Estela Arizmendi Fombona, abrió la ceremonia con una frase que más parece consigna de campaña que diagnóstico técnico: “La política fiscal no es una cuestión de números, sino una de justicia y equilibrio territorial”. Sin embargo, poco o nada se dijo sobre cómo esa justicia se materializará en leyes efectivas, menos aún en una distribución equitativa del gasto público o en una fiscalización rigurosa del uso de los recursos.

Por su parte, la diputada Laura Gabriela Cárdenas Rodríguez, quien impulsó la firma del convenio, afirmó que el acuerdo permitirá dar un “acompañamiento técnico” al trabajo de la Comisión de Hacienda, y que esto podría traducirse en “impactos positivos para la comunidad”. No obstante, la falta de compromisos concretos, cronogramas de implementación o mecanismos de evaluación deja en el aire la pregunta sobre qué tan sustantiva será esta colaboración más allá del acto simbólico.

Al evento asistieron varios actores del sector hacendario, tanto del Congreso como del Ejecutivo estatal, incluyendo al Secretario de Hacienda Pública, Luis García Sotelo, y al Coordinador General de INDETEC, Gustavo Adolfo Espinoza de los Monteros. Sin embargo, el grueso del discurso se mantuvo en la retórica generalista de “fortalecer finanzas municipales” y “elevar la calidad del debate legislativo”, sin una sola mención a los graves rezagos en materia de recaudación, deuda pública o desigualdad fiscal entre municipios.

Mientras tanto, Jalisco arrastra carencias estructurales en su hacienda pública: municipios con ingresos propios raquíticos, transferencias condicionadas desde el Estado sin reglas claras, y un Congreso que históricamente ha sido más oficina de trámites del Ejecutivo que contrapeso técnico y político.

La pregunta que queda en el aire es si este convenio servirá de algo más que de pretexto para engrosar la lista de eventos institucionales sin resultados verificables. Porque en tiempos donde lo que urge es escrutinio, control y autonomía fiscal municipal, firmar convenios para “tecnificar” sin antes diagnosticar, más que una solución, parece otra evasión.

Congreso de Jalisco da luz verde a contrataciones sin debate público: opacidad disfrazada de operatividad

Congreso de Jalisco da luz verde a contrataciones sin debate público: opacidad disfrazada de operatividad

Con la etiqueta de “operatividad del Poder Legislativo”, el Comité de Adquisiciones de Bienes y Servicios del Congreso del Estado, presidido por la diputada Montserrat Pérez Cisneros, aprobó una serie de fallos de adjudicación y dio luz verde a nuevas convocatorias públicas para la contratación de servicios. Lo que podría parecer un ejercicio rutinario de gestión administrativa, en realidad, sigue exhibiendo una preocupante tendencia: la discrecionalidad y falta de transparencia en la forma en que el Legislativo maneja el dinero público.

El procedimiento, realizado en sesión con la presencia de las diputadas Laura Gabriela Cárdenas Rodríguez, Valeria Guadalupe Ávila Gutiérrez, y los diputados Sergio Miguel Martín Castellanos e Isaías Cortés Berúmen, fue presentado como un acto meramente técnico. Sin embargo, el hermetismo con el que se condujo el Comité y la ausencia de detalles públicos sobre las empresas beneficiadas o los montos adjudicados vuelve a prender las alarmas sobre prácticas que, aunque legales, rozan los límites de lo éticamente aceptable.

El problema no está únicamente en lo que se aprobó, sino en cómo se aprobó: sin mecanismos claros de rendición de cuentas inmediatos ni discusión abierta sobre los criterios que determinaron los fallos. En una entidad donde las licitaciones suelen ser campo fértil para la simulación de competencia o el acomodo de proveedores afines, este tipo de decisiones administrativas deberían ser tratadas con el mayor rigor y vigilancia pública.

Más aún, el Congreso de Jalisco —que ha exigido austeridad a otros poderes y organismos autónomos— no ha explicado por qué se requiere la contratación de nuevos servicios ni si se evaluó el desempeño de los proveedores actuales. Tampoco hay claridad sobre si estos procesos derivan de auditorías internas o de una verdadera necesidad operativa, o si se trata simplemente de renovar contratos bajo otros nombres.

En tiempos donde la legitimidad de los órganos legislativos se tambalea por la creciente desconfianza ciudadana, decisiones como ésta deberían pasar por un filtro más robusto de revisión pública y ética parlamentaria. Pero aquí, una vez más, la forma se impone al fondo: todo parece estar “en regla”, pero el silencio institucional sobre los detalles deja abierta la sospecha de que, en el Congreso, lo público sigue siendo tratado como asunto privado.

La pregunta sigue vigente: ¿a quién le sirve realmente la opacidad en las contrataciones legislativas? Porque al pueblo, claramente, no.