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El diputado Omar Cervantes Rivera presentó “Jale Seguro”, una iniciativa para combatir la informalidad y “dignificar” artes y oficios mediante un marco legal, un registro estatal de talento y empleadores, capacitación certificada, “movilidad laboral justa” y apoyos temporales pagados por el Estado. La propuesta plantea 200 millones de pesos para capacitar a 8 mil personas, con un apoyo de $4,000 mensuales durante cuatro meses y certificación del IDEFT al concluir.

El discurso avanza sobre un diagnóstico real —vacantes sin cubrir por falta de habilidades y alta rotación—, pero deja preguntas clave sin despejar.

La promesa

Registro estatal de trabajadores y empleadores aliados.

Programas de capacitación con certificación del IDEFT.

Reformas legales para facilitar el tránsito a la formalidad.

Apoyo económico temporal ($16 mil por beneficiario en 4 meses) para evitar pérdida de ingresos mientras se capacitan.

Las grietas del planteamiento

Cuentas alegres y reglas difusas

Con 8 mil beneficiarios, el apoyo directo suma $128 mdp; quedan $72 mdp para capacitación, operación, evaluación y seguimiento. ¿Alcanza para un programa serio de formación por oficios, con instructores, materiales, certificación y vinculación real? No hay costeo por curso, duración por perfil, ni estándares de salida.

¿Puente a la formalidad o subsidio a la rotación?

Si el problema es la alta rotación, subsidiar cuatro meses sin compromisos de contratación, sueldos mínimos de enganche o estabilidad posterior puede terminar trasladando al erario el costo de inducción que hoy deberían asumir las empresas.

Sin metas verificables

Se alude a que Jalisco genera 40 mil empleos anuales y que el 20% (8 mil) queda vacante. Perfecto para la narrativa, pero la iniciativa no fija metas de colocación, plazos ni tasa objetivo de permanencia (p. ej., al menos 70% de las personas con IMSS activo a los 12 meses). Sin indicadores, no hay política pública: hay intención.

Riesgo de duplicidades

El IDEFT ya certifica competencias; el SNE y cámaras empresariales operan bolsas de trabajo y vinculación; la SEP/CONOCER tiene estándares. ¿“Jale Seguro” coordina, integra o duplica? Falta el mapa de programas para evitar islas presupuestales.

Derechos laborales ausentes

Se promete “formalidad”, pero no se exige registro ante SAT/IMSS/INFONAVIT, contratos escritos, salario digno ni seguridad social desde el día uno para empresas que reciban mano de obra capacitada con fondos públicos. Sin condicionalidades, el beneficio puede no traducirse en derechos.

Datos personales y padrón de empleadores

El registro estatal de talento implica datos sensibles (historial laboral, certificaciones, contacto). ¿Dónde está el análisis de impacto en privacidad y las medidas de seguridad? Respecto del padrón de empleadores “aliados”, ¿quién verifica que no haya outsourcing ilegal o simulación?

Lo que sí suma

Certificación de competencias por IDEFT: valioso si se alinea a perfiles con demanda comprobable (soldadura, electricidad industrial, mantenimiento, logística, construcción especializada, cuidados, tecnologías intermedias).

Movilidad laboral justa: si se traduce en bolsas de trabajo transparentes y vinculación sectorial con estándares salariales y de seguridad.

Lo que falta para tomarlo en serio

Cláusula de resultados: recursos condicionados a colocación formal (alta en IMSS y contrato), con bonos de desempeño para el capacitado y para la empresa que lo retenga al menos 12 meses.

Tablero público trimestral: cupo por oficio, costo por egresado, tasa de colocación, mediana salarial, permanencia a 6 y 12 meses, y rotación por sector y municipio.

Reglas de operación: criterios de selección, priorización territorial (zonas con alta informalidad), evitación de clientelismo, y mecanismo de quejas.

Condicionalidades a empleadores: adopción de contrato escrito, salario piso por oficio, equipo de protección, capacitación continua, y cero subcontratación simulada.

Armonización jurídica: ajustes en Ley de Fomento al Empleo, Ley de Educación, Ley de Protección de Datos, y coordinación con PROFEDET/PROFECO para sancionar prácticas abusivas en reclutamiento.

Voces y vitrinas

Empresarios y cámaras —CICEJ, FROC, colegios, universidades— aplaudieron la intención y la certificación laboral. Bienvenido el consenso. Pero el aplauso no puede sustituir a las reglas claras: si el Estado pone $200 millones, la contraparte privada debe poner plazas formales medibles.

Veredicto editorial: “Jale Seguro” acierta en el qué (capacitar y certificar para cubrir vacantes reales) pero cojea en el cómo (metas, condicionalidades, métricas y transparencia). Sin un candado de colocación formal, esto corre el riesgo de ser capacititis con subsidio: cursos, diplomas, boletines… y la informalidad intacta.